Pensé en mi propia inteligencia.
Durante los siguientes días evité pensar en el Chat GPT. Decidí no tener contacto ni mencionarlo. El silencio continuó. La pregunta que había escuchado me produjo incomodidad. Creo que adopté de forma inconsciente una estrategia defensiva al sentirme amenazada.
¿Por qué el Chat GPT se había convertido en una amenaza? Hoy al escribir mi experiencia creo que tenía miedo a ser reemplazada. Caí en la fantasía de un mundo lleno de robots y sin profesores.
La pregunta insistió y empecé a ir venir entre lecturas con el afán de toparme con alguna respuesta. Siempre que estoy inquieta leo. También paseo por mi casa descalza tocando el clarinete. Buscando encontré una frase en el libro «El maestro ignorante» de Jacques Rancière1: “… se puede enseñar lo que se ignora si se emancipa al alumno, es decir, si se lo obliga a usar su propia inteligencia”. Me calmó como si sintiera una bocanada de aire fresco.
¿Por qué digo que me calmó? Creo que volví a mí. Dejé de estar anestesiada. Pensé en mi propia inteligencia. ¿Cómo la uso?, ¿qué pongo de ella en juego en mis clases? Recordé tantos años estudiando que la inteligencia no es el cociente intelectual, tampoco una puntuación de un test. La inteligencia es esa capacidad que desarrollamos las personas para adaptarnos a las situaciones que vivimos. Esto fue revelador.
Evidentemente no sabía cómo incluirlo en mis clases y era momento que yo usara mi inteligencia para afrontar su inminente llegada. Tenía que pensar qué podía hacer y cómo. También animarme a dar un paso más y promover que los estudiantes usaran la suya cuando pensaran en la IA.
Algo había cambiado, algo se había movido. El miedo que me anestesiaba se quebró. Me armé un usuario y comencé sola a probar qué podía hacer con su ayuda. Todo era muy intuitivo. Bastaba con animarme: dar una orden y probar.
Al cabo de un mes ya sabía cómo hacer pedidos más precisos y tenía la aplicación en la computadora del trabajo y de casa. Seleccionaba las tareas que realizaba con su ayuda como si hiciera un zapping de prueba basado en el ensayo y error. Probé mejorar la redacción de mis correos electrónicos, traducir textos al inglés de forma rápida o buscar términos desconocidos como antes lo hacía con el diccionario Larousse.
Hoy me doy cuenta que durante semanas comencé a sustituir con el Chat algunas tareas que hacía todos los días. Sentía que las cosas eran más ágiles. Sin embargo, estaba latente la tentación de ponerme en “modo automático”. Cuando me di cuenta, me asusté. ¿Acaso podía pensar por mí? Volví a sentirme amenazada. Me resistía a que se adormeciera mi inteligencia y que me limitara solo a dar órdenes.
Mientras escribo pienso en los estudiantes y su relación con la IA. ¿Sentirán alguna amenaza o prevalecerá la sensación de fascinación? Busco la palabra “fascinación” en el diccionario y me asombro al encontrar que también significa engaño, hechizo o alucinación. ¡Qué mejores palabras para definir lo que sentía!
¿Cómo enfrentar entonces la fascinación que me provocó el Chat GPT? ¿Se tratará de “romper el hechizo” y de no dejarme engañar por su capacidad para resolver de forma automática?
Aspiramos como profesores a que una clase esté hecha de intercambios que nos sorprendan, de nuevas ideas y de sensaciones que nos atraviesen el cuerpo. De saberes que puedan resultar tan reveladores que nos ayuden a descubrir quiénes somos en este mundo. Enseñar y aprender no pueden reducirse a dar o recibir órdenes. No podemos sustituir las preguntas por los imperativos, ni considerar respuestas como verdades incuestionables.
Nada de esto puede el Chat.
Seguí leyendo por esos días a Rancière y me detuve en esta frase: “A la inteligencia que duerme en cada uno de nosotros, bastaría decirle: Age quod agis, sigue haciendo lo que haces, aprende y conócete tú misma, porque ese es el movimiento de la naturaleza (…) la misma inteligencia obra en cada uno de los actos del espíritu humano”.
Continuará…
- Rancière, F. (2007). Maestro Ignorante: Cinco lecciones sobre la emancipación intelectual. Laertes. ↩︎
