
Este mes tuve mi bluetooth pedagógico muy activo e invité a conectarse conmigo a una persona que ha marcado mi vida profesional. Presentarla no es tarea sencilla, porque su influencia orientó la forma en que me concibo y vivo el asesoramiento pedagógico.
Quizás ella no lo sepa, pero fue la primera persona que me introdujo en el mundo del asesoramiento mientras era una estudiante en la Universidad de Buenos Aires. Su experiencia profesional, su experticia académica y su calidad humana me han motivado a construir espacios de acompañamiento a docentes y equipos directivos con ternura y sensibilidad, pero también con una aguda inteligencia para pensar el análisis institucional.
Recuerdo claramente el primer día que la vi en aquella aula de la Facultad de Filosofía y Letras. Bastaron unos minutos para darme cuenta de que Sandra Nicastro no era una profe más, ni una asignatura a aprobar en el intento de terminar pronto la carrera. Ese día estaba frente a una docente verdaderamente apasionada que acompañaría mi proceso de crecimiento profesional y personal a lo largo de los años.
Su manera de expresarse, de entrelazar autores, de retomar lo que los/as otros/as dicen, de leer la realidad y animar a quien la escucha a salir del sentido común, de lo previsible para hacerse preguntas atrevidas y osadas, son marcas que la distinguen como una “maestra” excepcional para mí.
Leer sus libros, asistir a sus conferencias y seguir sus investigaciones y proyectos que siempre la tienen en contacto con colegas en distintas escuelas a lo largo y lo ancho del país representaron formas de estar cerca de ella a lo largo del tiempo.
Por suerte o bien por un deseo profundo de seguir aprendiendo de y con ella, en los últimos años nos hemos encontrado en distintos proyectos y aventuras pedagógicas que sabíamos dónde empezaban, pero no en qué podían terminar. Como no podía ser de otra manera, en todas estas oportunidades he salido enriquecida, llena de nuevos saberes y de amistades con colegas que también comparten el interés por abrir espacios de escucha, acompañamiento y aprendizaje. Confieso que cada una de estas experiencias ha fortalecido mi convicción política y pedagógica de que el asesoramiento es una práctica que me mantiene cerca de la escuela, funcionando como ligazón y enlace, desde hace más de quince años.
Si te dedicas al asesoramiento, hay libros de ella que no te podes perder. Su manera de escribir es una invitación a reflexionar, a hacer replanteos sobre lo que somos, pensamos y deseamos, a habilitar preguntas (muchas veces incómodas), a pensar en hipótesis de trabajo y a volver la mirada a los problemas que tiene la escuela construyendo acuerdos aún en las disidencias.

Lo que más la distingue para mí, sin duda, es su forma de decir las cosas. Cuando habla, es tan provocadora como ingeniosa. Sus ejemplos siempre traen consigo las voces de quienes trabajan a diario en la escuela, dejando claro que sabe de lo que habla cuando busca ayudar a otros a reflexionar sobre lo que hacen.
Estoy convencida de que es una de las personas «imprescindibles» en el ámbito educativo, porque nos invita constantemente a renovar el sentido de nuestra tarea aportando inteligibilidad a la acción e intervención pedagógica. Tiene la habilidad de hacernos pensar en lo que ella llama «esa extraña alquimia entre juicio y pasión pedagógica», desafiándonos a seguir educando en el equilibrio entre lo viejo y lo nuevo, lo conocido y lo desconocido, lo deseable y lo posible.
En los últimos meses dio una conferencia titulada «La intervención institucional en el trabajo de los pedagogos/as: interpelando sentidos» invitada por la Universidad Nacional de Tucumán que te recomiendo escuchar y con mucha atención.
Siempre ha tenido el coraje de lanzarse a lo nuevo, y ese es otro aspecto que admiro profundamente de ella. «Probemos, hagamos, ensayemos», me suele decir cuando encaramos algo juntas. Afortunadamente, decidió activar su bluetooth pedagógico y aceptó con entusiasmo la invitación a reflexionar sobre la cercanía en las relaciones que construimos al enseñar y al asesorar. Este es un tema que me apasiona y en el que vengo trabajando tanto como asesora e investigadora.
Si este tema también te interesa te invito a leer el capítulo «Los unos y los otros» en su libro Revisitar la mirada sobre la escuela. Exploraciones sobre lo ya sabido1. Allí propone pensar en las relaciones pedagógicas y los efectos que provoca estar con otros/as en la escuela. Ella analiza las relaciones como un retorno sobre sí que requiere tres condiciones: lugar, tiempo y relación con la realidad. Al respecto dice «… volver a mirar la relación pedagógica no tendrá que ver sólo con atender a cada uno de los polo dos de esa relación, o los sistemas que se ponen en juego entre ambos, sino también a cada uno en un ejercicio de retorno, entendiendo a la relación como un espacio de encuentro en el cual la mayor semejanza está en que ambos son diferentes, por lo tanto, lo común se constituye en el hecho de que hay características que no son comunes entre ellos» (p. 114).
A lo largo de las páginas de este capítulo, Sandra ofrece algunas orientaciones para develar aspectos de las relaciones que construimos trabajando en la escuela y que muchas veces quedan ocultos. A continuación, te comparto algunas de sus reflexiones que me han ayudado a pensar en la cercanía entre docentes y estudiantes, así como entre asesores/as y directores/as-docentes. Hacer espacio para las relaciones pedagógicas implica:
- Trabajar en las condiciones habilitadoras/mediadoras que requiere crear y hacer lugar para aprender.
- La aparición de diferentes grados de compromiso emocional, de «envoltura» personal con la tarea que tenemos por delante y con el/la otro/a que está frente a nosotros/as.
- Tomar distancia de dinámicas relacionales que se organizan alrededor de la idea heroica de salvar al otro/a. El primer umbral de la relación es el conocimiento mutuo.
- La alerta frente al lugar de la utopía como ilusión grupal. Toda relación se configura en torno a la convivencia del pasado, del presente y del porvenir.
- El cuidado ante el silenciamiento, la intolerancia, el desprecio, la sobremanipulación, el malentendido y las dinámicas de encerrona que nos hacen preguntarnos acerca de aquello qué opera como marco contener de las relaciones.
- El lugar de las palabras, las condiciones de enunciación, la escucha arriesgada y el diálogo para garantizar el entendimiento, la conexión emocional y la circulación de sentidos.
- El valor de la confianza como condición para que el encuentro sea posible. No se trata de entender la confianza como un atributo personal sino como el resultado de una relación.
A lo largo de este capítulo trae referencias de Arendt, Meirieu, Kaes, Ferry, Ulloa, Camus y otros autores que amplían la comprensión de sus ideas y que nos animan a volver a mirar las relaciones pedagógicas que se construyen al enseñar, al aprender y, por supuesto, al asesorar.
Si te interesa profundizar en lo que ella comparte en este capítulo que menciono en este post o si te gustaría intercambiar ideas sobre el valor de las relaciones en el asesoramiento, déjame un comentario.
- Nicastro, S. (2011). Revisitar la mirada sobre la escuela. Exploraciones sobre lo ya sabido. HomoSapiens Ediciones. ↩︎



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